
¡Hola chicas!
Como ya os adelanté, vino mi novio cargado con más chocolate casi que ropa en la maleta. Esto supuso volver al círculo vicioso de antes: comer y llorar. Engordé un kilo en cinco días y me sentía muy frustrada. Estaba llorando en mi habitación y vino mi chico y me interrogó: que si no era feliz con él, que la convivencia me estaba desgastando... Y yo: "Que no, que no es eso. No preguntes más, por favor." Entonces se quedó varios minutos mirándome sin decir nada, pensando, y me dijo: "Lo que a ti te jode no es mi presencia, sino lo que traigo conmigo cuando voy a mi casa, ¿verdad?" Pues imaginaos, llorera otra vez. Y es que va a resultar que el niño no es tan tonto...
Yo seguía llorando y él me miraba fijamente, sin decir nada. Al rato, me suelta: "Mira Ana, yo no soy tonto y ya me dí cuenta hace mucho tiempo de lo que te pasaba. Y yo no sé qué hacer contigo, no sé si tengo que avisar a alguien o dejar que sigas así. Yo sólo quiero que seas feliz y no haces más que llorar y llorar. Y si tu depresión se debe a la comida... Yo te ayudaré. Sí, si así eres feliz, yo te voy a ayudar, porque no soporto verte más así, y si tengo que tirar por tierra mis principios para verte sonreír, lo haré."
Imaginaos mi cara en ese momento: no sabía si se estaba riendo de mí o si su forma de ayudar era llamar al psiquiatra más cercano. Así que le pregunté a qué se refería exactamente, y me pidió que primero le contara por qué lloraba y luego pensaría algo. Y yo le expliqué que lloraba porque comía y no quería comer, pero no podía evitarlo. Y que no podía controlarme: cuando empiezo a tragar, me atraco.
Me escuchó pacientemente y se quedó otro rato pensando, hasta que me dijo: "Bueno, yo sólo puedo hacer una cosa: esconderte las cosas que engordan y prepararte unas raciones pequeñitas de comida sana, pero vamos a establecer unas condiciones. La primera es que comeras lo que yo te diga, sólo eso, y la segunda, que cuando llegues a un IMC 18, vamos a parar de hacer dieta y vamos a centrarnos en mantener ese peso, pero no vas a bajar ni un gramo más o tendré que avisar a un médico, ¿de acuerdo?"
Y acepté. He seguido sus consejos: me prepara una rodaja de bizcocho en el desayuno, una loncha de pavo en la comida y una zanahoria por la noche. Me esconde la comida para que no me atraque y controla lo que como. ¿Resultado? El viernes pesaba 57'1 y hoy me he levantado con el 55'6, mi peso más bajo en 2 meses. No me he estancado en el 56, como me pasaba siempre. Y no tengo ansiedad porque no hay comida a la vista.
Claro, esto tiene una parte mala, no todo iba a ser bueno: yo estoy eufórica y pienso que me debe de querer mucho para ayudarme de esta manera, pero él se siente mal consigo mismo, porque piensa que es el peor novio del mundo y que está echando leña al fuego. Pero confío en que se le pase...
Bueno, chicas, he terminado por hoy con mis rollos. Voy a leeros un ratillo a ver qué tal os va a vosotras. Un besito de una felicísima Ana.




